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POSTRE ARDIENTE
Y por fin llegó la noche.
Cuando salimos de la carretera paramos en una estación de servicio y me preguntó qué me apetecía hacer y, ni corta ni perezosa, le propuse ir a la playa a refrescarnos del calor pegajoso y sofocante que hacía, así que nos pusimos los cascos y partimos rumbo a la costa. Tras un par de horas, ya se podía oler el salitre.
En un chiringuito comimos algo y charlando amistosamente adivinamos el atardecer por detrás de las nubes…: Toda una estampa romántica, pero no estábamos ahí para ser empalagosos el uno con el otro porque el escenario y nuestras miradas lujuriosas eran antagónicos. |
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Tras tomar café y una copa de buen brandy, decidimos pasear por la orilla del mar y aprovechar la cómplice oscuridad.
Efectivamente, el cielo seguía nublado, pero reflejaba las luces de la ciudad cercana, dándole al cielo un extraño color anaranjado y una luminosidad mayor de la esperada. El mar estaba muy embravecido pero nos sorprendió porque estaba el agua caliente, lo que contrastaba con las gotas de lluvia que empezaron a caer: pies mojados y calientes; pelo chopado y frío; sonido de olas rompiendo con furia; miradas de deseo y manos inquietas que penetraban por debajo de la ropa… ¿Qué podíamos hacer?
Nos cobijamos bajo una sombrilla de junco y nos desnudamos con prisa sin dejar de besarnos, acompasando nuestros latidos al romper violento de las olas. Nuestras lenguas saborearon la piel mezcla de feromonas, olor a campo y salitre.
Su pene estaba tan erecto que parecía que fuera a estallar y mi vulva hinchada pedía a gritos que le pidieran paso hacia la vagina húmeda y me penetró…la sensación de compenetración fue tan grande que los dos tuvimos un orgasmo tan intenso e inesperado que, jadeantes, nos besamos con mucha ternura.
Unos aplausos nos sobrecogieron: un par de hombres nos miraban
- ¿Podemos participar? Preguntaron
Nos miramos y contestamos al mismo tiempo:
-¿Por qué no?, adelante, poneos cómodos
Se desnudaron y nos rodearon
Al principio no sabíamos cómo organizarnos pero sin mediar palabra se solucionó el problema y mientras Daniel descansaba un poco, uno de los desconocidos empezó a mordisquearme por el interior de los muslos hasta que llegó a mi vagina y con la lengua rozó mi clítoris… a penas podía aguantar el placer de lo excitada que estaba y en uno de mis gritos abrí los ojos y allí estaba el otro, un morenazo de ojos castaños y mirada agradable que me acarició la mejilla y la beso con tanta ternura que deseé que nadie más hubiera allí. Me besó en los labios y tuve un fantástico orgasmo.
-Hola, quiero hacerte el amor, me dijo con acento cordobés.
Me puse de rodillas, no sin esfuerzo, y con una de mis manos cogí su verga y la dirigí a mi boca: la besé y con suavidad fui recorriendo su glande con mis labios primero, con la lengua después. La introduje en mi boca y como si le hiciera el amor, la moví de forma rítmica mientras mi lengua jugaba con ella.
Mientras tanto, el otro aprovechó mi posición y me lamió el ano mojándolo con mucha saliva. Introdujo un dedo y cuando notó que ya no ofrecía resistencia, metió otro y los movió…. ¡Uf, qué placer!
El sabor del líquido lubricante era muy agradable pero más sentir como el grosor del pene iba aumentando dentro de mi boca.
Le oí gemir y mi excitación aumentó más si cabe.
Lo saqué de mi boca y le pedí que me hiciera el amor.
Se sentó, me puse encima y mientras nos besábamos, me fue penetrando: noté como cada centímetro de su pene recorría mi vagina ajustándose perfectamente como si hubiera encontrado su auténtica funda.
Con sus brazos fuertes me fue moviendo rítmicamente hacia delante y hacia atrás y hacia arriba y hacia abajo. Paró y nos abrazamos y besamos para luego iniciar un movimiento como si fuéramos una mecedora.
- Me estoy enamorando de ti, le dije al oído mientras le besaba el cuello
Me reclinó hacia atrás y me besó el cuello y los pechos.
- Bueno, ya está bien, parecéis un matrimonio, queremos participar, protestó Daniel
- Ja,ja,ja,ja, reímos los dos.
Sin soltarnos, nos tumbamos, yo encima y un poco en cuclillas y con una señal le indiqué al segundo desconocido que terminara el trabajo iniciado y me penetrara por el ano y obedeciéndome, fue introduciéndolo poco a poco mientras mi cordobés me besaba en el cuello y me acariciaba la espalda lo que provocó que mi vello se erizara.
- Vaya, esto está mejor, dijo Daniel
-Ven, aún puedo hacer algo por ti, acerté a decir a penas sin voz
Se acercó, se arrodilló delante de mí y me introdujo su pene en la boca…tenía sabor a mi jugo vaginal
El “desconocido enculador” empezó a moverse hacia adentro y hacia fuera provocando una onda de movimientos muy placentera para todos porque al empujarme, mi cordobés me penetraba hasta el fondo y el pene de Daniel se introducía en la boca.
No puedo describiros el placer tan absoluto que sentí y que recorrió todo mi cuerpo
- ¿Queréis más? Pues aquí tenéis, gritaba “el enculador”
¡Qué salvaje!, pensaba que me iba a romper pero ¡qué placer!
No sé durante cuanto tiempo sus embestidas me taladraron pero deseé que nunca terminara, pero un cambio de ritmo me indicó que iba a eyacular así que presioné mis nalgas con fuerza.
- Voy a correrme, gritó el desconocido, llenándome el culo de semen
Tras retirarse, comenzó a lamerme el culo tragándose su propio jugo y creo que a Daniel eso le excitó. Retiró su pene de mi boca y lo sustituyó por su dedo corazón, masturbándose delante de mí mientras me hacía el amor con el dedo hasta que eyaculó con un sonoro gemido.
- Por fin te tengo para mí solo, me susurró mi cordobés
Le besé y empecé a moverme encima de él cabalgando lentamente.
Me abrazó y me giró hasta quedar mi espalda apoyada en la arena y él encima.
- Estás cansada, deja que sea yo quien te haga el amor
Se fue moviendo al tiempo que acariciaba mi clítoris, besaba mi cuello, orejas, párpados y mis pechos…hasta que ya no pude más y me convulsioné en un fabuloso orgasmo que provocó en él otro: su cara se contrajo en una mueca de placer que explotó en un sonoro gemido.
Un sonido seco desvió nuestra atención: fue un trueno…había estallado una fuerte tormenta y ninguno nos percatamos hasta el final.
Dejó de llover y el mar se calmó permitiendo que pudiéramos bañarnos…nos lo habíamos ganado ¿no crees? Y jugamos con el agua riendo como críos
Nos vestimos y cuando nos íbamos a los vehículos, mi cordobés me cogió la mano
- Me gustaría quedarme contigo un rato más viendo el mar y charlando.
Ahí fue cuando me despedí de Daniel… aún guardo su número de teléfono y cada día veo el periódico en busca de sus fotos.
Cristina G.M.
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