Imaginad el placer de tocar, palpar y descubrir aquello que realmente nos excita, aquello que nos hace estremecer, vibrar y sentir… Sentir profundamente, inequÃvocamente. Más que imaginarlo, quizás, proponemos evocarlo.
Sugerimos un viaje táctil por nuestro cuerpo para conocer -o reconocer- nuestras propias zonas erógenas. Ampliamos la invitación para que además seamos capaces de identificar las de nuestro compañero o compañera. En realidad, el trabajo en equipo suele ser el más fructÃfero y agradable. Por lo tanto, puede tratarse de una exploración tanto individual como de pareja. Conlleva un proceso paulatino que, en sà mismo, suele resultar enriquecedor y sumamente placentero.
Es un viaje en el que a partir del sentido táctil iremos descubriendo toda una serie de experiencias hasta ahora desconocidas. Más que contar con un mapa, lo iremos dibujando y éste dependerá claramente de nuestra aventura.
En el itinerario dejaremos fuera esas tendencias cuasi-mecánicas; aquellas vÃas rutinarias, carentes de imaginación y desprovistas de conciencia.
Podemos iniciar nuestra búsqueda de sensaciones escondidas, prácticamente, en cualquier parte del cuerpo. Si al realizar el viaje intentamos mantener una actitud libre —carente de prejuicios y llena de confianza—, tendremos la oportunidad de descubrir zonas del cuerpo que excitan, provocan y causan placer.
El contacto y la estimulación de la piel ofrecen uno de los mayores componentes de la actividad sexual. Las claves, para empezar, llegarán por las manos. Además de emplear las manos como principal vehÃculo, nuestros labios, lengua, dientes e incluso el aire que exhalamos —por mentar algunos- nos ayudarán a recorrer el territorio en cuestión. Si la piel tiene un idioma, éste es el de la ternura sensual. La piel percibe otros lenguajes: el de temperaturas, texturas, tersuras y vibraciones. Por sà solos o en conjunto, cada uno de éstos es capaz de disparar la más variada y excitante gama de sensaciones sexuales.
Por X. Zubieta, J. J. Borrás y M. Pérez
Publicado en elmundo.es

La adicción al sexo es un de las adicciones mas negadas en nuestra cultura. Al tabú que todavÃa hoy impregna al sexo, se une la vergüenza por las conductas que se llevan a cabo para obtener “la sustancia†en este caso, sexo.
Aunque no es lo más común del mundo, la realidad es que hay personas que sufren de una de estas “alergias†al sexo. Y es que nuestro cuerpo puede reaccionar ante los fluidos sexuales de forma similar a como lo harÃa el de un alérgico al polen rodeado de flores en primavera, rechazándonos como si fueran un peligro para el organismo.

mismo lado de la cama y que en algunos casos se pueden catalogar como supersticiones si creemos que pueden alterar nuestro destino o la suerte, como que si rompes un espejo tendrás 7 años de mala suerte, si te
Las relaciones sexuales son un lenguaje, una vÃa de comunicación, una forma de transmitir lo que sentimos, tanto el amor como el deseo, la pasión o la ternura se pueden decir con el sexo, hablemos el idioma que hablemos. SÃ, la sexualidad es mucho más que placer, pero también es placer, eso no podemos obviarlo.

