Habitualmente pensamos con palabras y aunque incluimos imágenes en nuestros pensamientos e incluso ocasionalmente sonidos, olores y sabores, el lenguaje es en realidad la forma en la que analizamos y entendemos el mundo que no rodea. El sexo no es una excepción, por lo que una forma de entender como vemos la sexualidad es detenerse a ojear las palabras que usamos para referirnos a ella.
El lenguaje nos retrata y mostramos nuestra vergüenza usando eufemismos para hablar del pene nombrándolo por ejemplo como “mi cosa, pilila, flauta, churrita, colita, pito, pajarito,…†y en determinados contextos pasamos de la vergüenza a lo obsceno quizás mostrando que es asà como vemos la sexualidad y usamos palabras como “polla, tranca, verga,…â€. La vulva pasa por ser un infantil “mi cosa, pepe, toto, chichi, pometa…†a los ordinarios “coño, chocho, chumino, potorroâ€. El coito no se escapa a este trato y pasamos de hablar de “hacerlo o acostarse†a “follar o echar un polvoâ€.
Los ejemplos son innumerables y no hay concepto sexual o parte erógena que se libre de los sobrenombres y en realidad no debemos porque catalogar como negativo el uso de palabras graciosas u obscenas para referirnos a la sexualidad siempre que lo hagamos en contextos divertidos o como forma de erotismo. Pero es incuestionable que este tipo de palabras han proliferado como reflejo de la forma de entender la sexualidad de nuestra sociedad, por lo que parece importante usar una terminologÃa apropiada al hablar con los menores o divulgar la salud sexual.
Que nadie se preocupe, las palabras más coloquiales las acabamos aprendiendo todos, lo que no es tan evidente es que todos conozcamos palabras tan sencillas como glande, prepucio, vulva, clÃtoris o vagina. De hecho ahora mismo mi Word me subraya en rojo la palabra vagina y no la palabra coño.
¿Cómo nombrabas en la infancia a tus órganos genitales? ¿Y a la masturbación? ¿Cómo te gusta nombrarles ahora? ¿Qué tipo de vocabulario te parece más adecuado?

