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Nos ha llamado bastante la atención la respuesta que algunas personas han tenido acerca del tema ‘El beso’. Son muchos los que han solicitado una plegaria por la higiene bucal. ¿Qué está pasando en nuestra sociedad que produce mal aliento? ¿Será lo que la gente come? ¿Lo que bebe? ¿Lo que fuma? ¿Lo que se mete a la boca o lo que llega hasta su estómago? ¿Será una mezcla de todo eso? ¿O acaso se deberá a que los honorarios de nuestros dentistas son cada vez más prohibitivos?

¿Puede el mal aliento ser producto del estrés? Es posible que en algunas ocasiones —al igual que el sudor—,el mal aliento sea el resultado de situaciones de nervios y tensión.

En cualquier caso, es raro encontrar a quien no haya tenido que soportar, en alguna ocasión, el mal aliento de otra persona. La halitosis puede provocar dificultades en las relaciones sociales y no digamos en las sexuales, llegando a tener consecuencias psicológicas, emocionales y laborales. Conocemos por lo menos dos casos de divorcio por esta causa.

Así que tiene que quedar claro, que la mayoría de gente desea un buen aliento como requisito para compartir un beso. Si dejamos de lado las causas por problemas intestinales y por infecciones dentales, para mantener un buen aliento es suficiente una higiene bucal regular. Tan simple como lavarse los dientes después de cada comida, y en caso de apuro, hay chicles, inhaladores, pastillitas y enjuagues que pueden ayudar. Que quede claro, una boca fresca y limpia invita a un beso.

M. Pérez, J. J. Borrás y X. y Zubieta

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Besame muchoSegún declaran muchas mujeres, un hombre que besa mal parece estar pensando: ¿Cuándo pasaremos al paso dos? ¿Ha llegado ya el momento de tocar sus senos? Este tipo de hombre considera que el beso es el primer paso hacia un encuentro carnal. En contraste, alguien que besa bien percibe el beso como un placer en sí mismo. Besa como si nunca fuera a llegar a nada más con la otra persona y como si llevara años deseándolo. Quiere saborear cada instante. La paradoja es que esto lleva a que la otra persona se decida por el paso dos, por el tres, por el cuatro…

Lo primero que hay que saber en caso de duda es que es preferible ir despacio; que ese primer beso sea suave y lento. Aunque quieras demostrar que estás ardiendo en deseo, es mejor ser paciente: resiste al deseo de estampar tu cara bruscamente a lo Harrison Ford porque puedes producir un choque dental. Además, hay que recordar que es de vital importancia continuar respirando.

¿Y la lengua? Lo menos recomendable es emplearla como si buscases comida atrapada en las muelas de la otra persona. Esa no es tarea tuya. Para eso están los dentistas −tan hábiles a la hora de mantenernos inmóviles y con la boca completamente abierta mientras realizan sus exploraciones−.

Cualquier movimiento de la lengua debe implicar una acción acompasada, en la que ambas partes ofrecen la oportunidad de interacción. Puede que quieras parar de vez en cuando para tomarte un respiro; mientras, tus labios siguen pegados a los de la otra persona. Como cuando al bailar con tu pareja de repente te detienes y te quedas inmóvil durante un momento, esto aumenta la sensación de complicidad. No sugiero que la lengua de uno se quede pegada en la de la otra persona, ni tampoco lo opuesto, como tantas veces tantas veces hemos visto ejemplificado por Woody Allen en la gran pantalla.

 

Por X. Zubieta, J. J. Borrás y M. Pérez


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  Publicado en elmundo.es

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